HOMENAJE A FORD
- Bah, Ford era un monstruo de la poesía, un puto genio - dice su exnovia, o al menos eso alega ella mientas masca un chicle o construye con él burbujas que explotan al poco de nacer -. Bueno, a mí nunca me ha ido ese rollo de la poesía. Me gustaba como sonaba cuando me lo susurraba al oído y tal, pero casi nunca entendía lo que quería decir. No sé, utilizaba palabras muy raras.
Citroën, nuestro primer testimonio y compañera sentimental durante la etapa escolar de Ford, se jacta de haber sido la primera en percatarse de su talento lírico. Pero en nuestra profunda investigación hemos rastreado palmo a palmo el pueblo donde Ford se crió. Allí nos topamos con Volkswagen, un curioso vecino y compañero de la escuela pública de Ford y Citröen, que afirma haber presenciado junto a ella, su primera obra poética.
- Pues sí. No éramos muy amigos que digamos, pero a las diez años y viviendo de lado es inevitable pasar algún rato juntos. Tampoco es que tuviera muchos amigos, la verdad. Se pasaba el día encerrado leyendo cuentos. Y claro, nosotros preferíamos los deportes. Su primera poesía me la soltó, como quien no quiere la cosa, un día que le invité a mi fiesta de cumpleaños. Se corrigió las gafas y me dijo:
"Volkswagen,
que te den".
La verdad es que me dieron ganas de partirle la cara, pero Citröen, una niña que estaba colgada por él dijo que aquello era muy bonito, poesía pura. Y lo cierto es que aquello rimaba. Pero en aquel momento me sentó fatal. Ya te digo, tuvo suerte que Citröen me frenara.
Venga, Volski - porqué de pequeño me llamaban así, ¿sabe? - no le hagas daño.
Así pues, en lugar de atizarle le grite: Desgraciado de mierda. Vete a tomar por culo.
Y va el muy intelectual y me contesta:
"Mira Volski
agárrate de aquí"
‘jo puta.
El impactante testimonio de Volski es confirmado por Citröen.
- Vaya, así que han hablad con Volski. Qué, todavía está en el pueblo, ¿no? Joder. Pues sí, aquel día fue la hostia. Yo quedé paralizada por la belleza de aquellas palabras, pero el pobre Volski se fue llorando.
Así pues su paso por la escuela fue fugaz y jovial como la de cualquier chaval. Y todavía como diamante en bruto fue arrojado a la gran ciudad. El instituto fue su primera piedra de toque. Su paso resultó desapercibido y silencioso, como cabía esperar de un adolescente arrancado cruelmente de su tierra natal para ser escupido en la urbe. Pero la falta de compañeros no menguó la delicadeza de sus rimas. Mercedes, profesora de Literatura del Instituto Público de Ciudad del Carro, nos obsequió con el siguiente testimonio:
- Era un chico tímido, reservado. Nunca participaba en clase. Me refiero a que no poseía iniciativa propia. Sin embargo yo ya le notaba cierto aprecio a los libros y sobretodo a los poetas clásicos. Un claro ejemplo fue un día que les puse de trabajo un comentario de texto sobre la prolífica generación del 100. A ver Ford, léenos en voz alta el tuyo, le dije.
"Lo siento señorita Mercedes
pero hoy no he hecho los deberes".
Aquello me llegó al alma. Había captado la esencia de aquella brillante generación del 00. Tan pequeño y tanta armonía en sus palabras.
Porsche, otro desamparado chaval extranjero de paso por Ciudad del Carro, nos cuenta el increíble suceso de aquella soleada mañana lectiva.
- Zi, yo nuevo en la ziudad. Ford único compañero con quien hablar. Buen chico. Raro pero... como dezir... legal. Ezo, legal. Aquel día, profezora pedirle deberez. Él dezir que no haber hecho. Toda la claze reír. Yo no entender nada, pero también reír. Uy, profezora... mmm... enfadarze mucho. Muy cabreada.
No cabe descartar la posibilidad que la fama de Ford cambiara ciertas opiniones sobre él. Su madre, gran valedora de su innata habilidad para las letras le matriculó en la universidad más selecta de la zona. Pronto su fama se escampó por la facultad de letras. Allí, donde los excéntricos se cuentan a centenares, extrañamente también desencajó. Fue rechazado por los bohemios, clan que controlaba gran parte de la facultad. Su carácter experimentó un cambio. Un dramático cambio a peor. Así nos lo cuenta su madre:
- A mí siempre me han gustado los artistas. Yo creo que es algo genético, pues mi abuelo fue apuntador en el teatro del pueblo. No sé, estaba orgullosa de que fuera un chico leído, culto. Mi querida hermana, en el cielo esté, le regaló una bufanda larga y una chaqueta de pana con parches en los codos. Todo muy progre, muy intelectual. No todo el mundo tiene la suerte de dar a luz a un bohemio, me decía. Pero él se enfurruñó y empezó a gritar como un loco. Mi hermana y yo no entendíamos nada.
"No quiero que me tratéis como a un divo.
Estoy harto de ese cuento de la poesía.
No sé qué esperáis de mí tú y la tía,
pero yo lo que quiero ser es administrativo".
Yo lo achaqué a un retraso en la edad del pavo, pero mis amigas me dijeron que a los veinte años el pavo ya está en el horno. No sé, estaba muy confusa. No sabía en que me había equivocado. Lo que está claro es que aquel rifirrafe fue un punto de inflexión en nuestra relación.
Efectivamente, hubo un triste distanciamiento entre madre e hijo. Criado sin la reconfortante seguridad que transfiere la figura paterna, ahora también decidía prescindir de la materna. Cogió los trastos y abandonando familia y universidad, fue a la capital.
Hemos localizado a Seat, el casero de la pensión donde Ford aterrizó, y nos asegura con una mezcla de incredulidad y de nicotina pegada a sus dientes, que su presencia era como la de su mujer. Ni la notaba. Durante el día Ford no aparecía por la pensión, y por la noche, un modesto haz de luz en su habitación era la única señal de su presencia.
- El niñato aquel pagaba siempre. Puntual y a tocateja. Y eso que tenía pinta a desgraciao. Quiero decir que no transmitía buen... buen rollo. Cuando le veía estaba siempre de mala leche a veces, cuando entraba en su habitación, me encontraba motones de papeles tirados por el suelo. Puto caos de habitación, joder. En los papeles sólo habían números y fórmulas de esas. Y borrones, un huevo de números tachados... Ei, no me mire así, eh. Los caseros tenemos obligación de velar por nuestra propiedad. La constitución nos permite controlar a los inquilinos, así que cambia esta expresión, vale puto periodista metomeentodo...
La calida humana del último testimonio nos demuestra lo desesperado que Ford se encontraba. Atravesaba por un bache vital, una mala racha. El mal momento empeoró radicalmente cuando su madre, en un contraproducente intento de reconciliarse con su hijo, juntó todos los poemas que había escrito hasta la fecha y los envió a una editorial. El exitoso editor de origen francés Peugeot, nos lo cuenta así:
- Estaba asombgado. La vegdad es que no me cgeía que aquella obga fuega de un petit garçon. Tenía fuegsa, sentimiento y calidad, mucha calidad. Merveilleuse.
El poemario se publicó y el éxito fue instantáneo. Jóvenes generaciones de alérgicos a la letra impresa se lanzaron de cabeza a la lectura. Aquello fue un soplo de aire fresco para la renqueante industria editorial.
- Sólo una pequeña incisión: Focus, Fiesta, Escogt... Innumegable cantidad de nuevas pgomesas, de la poesía se han podido publicar ggacias a la inyección que supuso los inggesos del poemarguio de Fogd - nos matiza Peugeot parapetado detrás de un imponente escritorio que perteneció a Luis XV. Supongo que no hace falta aclarar que el laureado editor se refería a un inciso, y no una incisión.
Pero el número de copias vendidas de su ópera prima eran directamente proporcionales al número de ansiolíticos que Ford ingería. Aislado en la capital, corría el rumor que había abandonado totalmente su dedicación a la poesía. Aunque debido a su habilidad, no le era tan fácil. El perspicaz rastreo de nuestro equipo nos guió hasta una academia para estudiantes con dificultades. Preferimos no sacar a la luz la fuente de tal pista, aunque les aseguramos que es del todo fidedigna.
- Mi padre era el director de una potente entidad bancaria. BMW se llama. ¡Ei, eso que no salga, que sino van a saber quién soy!... vale, vale, confío en usted... Pues eso, tenía entre ceja y ceja que su heredero también debía seguirle los pasos. Yo lo intentaba, pero todo eso del tipo de interés, del índice Nasdaq, pago fraccionado era demasiado difícil para mí. Me sonaba a chino. Joder le defraudé... - nos confiesa con un llanto acompañado de tristes mucosidades. De todos modos, aquello sirvió para que nuestra anónima fuente de lágrima fácil intimara con Ford -. Así que me inscribió en una academia, y allí le conocí. Nos juntamos porqué los dos éramos un poco obtusos en todo este mundo. Pero para él era algo más. Como un reto personal, su razón de vivir. Me contó que su sueño era ser administrativo. Le cayó en gracia a mi madre, y le dio una oportunidad en el banco.
La fotocopiadora sustituyó a la máquina de escribir en la vida de Ford. Su trabajo en el banco se limitó a ordenar clips, ir a buscar cafés y divertir al personal con sus rimas involuntarias. El pobre no daba para más, y las transacciones sólo las veía de lejos.
- Como he dicho a mi padre le gustaba, pero ni loo le hubiera dejado acercarse a un ordenador. ¡¡¡Y al mostrador ni en pintura!!!
Ford sabía que aquello era un primer paso. Algo humillante, la verdad, pero lo importante era que ya se había hecho un hueco en el feroz mundo financiero. Se resignó y se preparó para luchar hasta llegar a lo más alto. Por fin podría enfundarse trajes elegantes con corbatas lisas a juego con un buen par de gemelos, se reconfortaba Ford.
Pero todo se derrumbó una gris mañana de Enero. El banco fue ocupado por una representación de la facción radical del Círculo de Amantes de la Estrofa, asociación que integraba a los más selectos poetas del país. Al ver a Ford con americana y corbata creyeron que era una metáfora de su guerra conra el establishment, y todos fueron a pedirle autógrafos. Escort, una joven promesa nacida a la estela de Ford nos comenta aquel famoso capítulo:
- Joder, yo lo toqué, tíos. No os lo vais a creer, ¡¡pero me regaló un boli!!
Aquel tumulto que provocaron los desquiciados seguidores de Ford fue aprovechado por BMW, el director de la sucursal, para echarle de patitas a la calle.
- Sé que es una excusa miserable -agrega - pero mejor esto que no hundir mi banco! Fue de locos. Un drogata colgado de esos, mugriento y peludo, se le lanzó al cuello y lo empezó a manosear. Gritaba "¡Soy Escort, tu eterno discípulo!", y le arrancó de cuajo la pluma que guardaba en el bolsillo de la camisa. Demencial.
Ford se salvó por los pelos, y rabioso y colérico consiguió huir. Se encerró en su habitación, se quitó la americana perfectamente planchada, la dobló y junto a los inmaculados pantalones y la impecable camisa de cuello blanco, lo dejó reposar en la silla. Al pié dejó descansar los mocasines negros. Se embutió la chaqueta de pana con parches en los codos. Cogió la bufanda. La colgó del ventilador y se suicidó con ella. Un espantoso CRECK puso fin a su corta vida. Hoy en día todavía permanece en aquella habitación la ropa intacta en la silla y la nota colgada de la bufanda:
"A todos:
Sí, la vida me ha dotado de un miserable don,
sin embargo se ha olvidado de mi gran afición.
De qué me sirve ser el amo de los endecasílabos,
si para mí los números siguen siendo malditos.
Joder ¿por qué me es tan fácil rimar,
y sin embargo no he legado ni a auxiliar?
Quería mis ocho horas de rutina en los despachos
pero no tenía talento. Que pena, muchachos.
Adiós".
Los expertos estudiosos de Ford concluyen que el último poema es su mejor legado. Aducen que es un claro ejemplo de la técnica de creación involuntaria de la cual Ford fue el mejor representante. Los mocasines, testimonios del fugaz ascenso y declive del joven poeta, todavía permanecen allí, silenciosos y cobijados por la silla, en el Museo de la Poesía, fundación FORD.
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Autor: metis
un cuiner involuntari snif
Fecha: 05/10/2007 11:58.