UNA SUBVERSIVA NOVELA ROSA

Miércoles, la veterana autora estrella de bestsellers románticos, apuraba en estado orgiástico las últimas páginas de su nuevo libro. El repicar frenético en su máquina de escribir anunciaba el final de otra apasionante historia de amor. La protagonista, peleada con su arisca familia aristócrata por culpa del chivato de su mayordomo, terminaba seduciendo al hijo adolescente de este para luego fugarse con él. La primera y más dramática opción que Miércoles barajó trataba de una conquista a base de ostras y champán que causaría un efecto devastador en el corazón del inconsciente muchacho, que presa de la exaltación alcohólica y la lujuria derivada del marisco, sucumbiría a los encantos de la sexagenaria protagonista y partiría con ella a donde les deparase el destino. Miércoles dejó de mecanografiar, se recostó en la silla y encendió un mentolado para observar lo que había escrito. Nah, aquello no quedaba demasiado real ni propio de una dama de la alta sociedad. Aunque bien mirado, que la historia tuviera un giro semejante, dotado de algo irreal, le daba más fuerza, más dramatismo. Dejó reposar el mentolado en el cenicero y siguió escribiendo. Pero la carrerilla ya no era la misma. Aquellas últimas líneas no la convencían en absoluto, a pesar de que la idea original no estuviera mal. El nerviosismo empezó a cuajar en el cuerpo de Miércoles. Joder, con lo bien que iba todo. En un intento para relajarse, se levantó e inició un paseo de meditación por su estudio. Un valium y tres mentolados más tarde y la solución todavía no había aparecido. Pero como sucede en los grandes descubrimientos, la providencia jugó un papel decisivo. Tal casualidad poseía la excéntrica forma que produce una mujer entrada en carnes arrastrando una aspiradora.

- Dios Lunes te tengo dicho que no quiero que me interrumpan mientras estoy escribiendo! - voceó Miércoles en un alto estado histérico.

- Perdón señora. Es que se trata de una urgencia. Tengo un dolor bárbaro en la espalda y me preguntaba si no le importaría que mi pibe viniese mañana a ayudarme. Es un santo y a pesar de sus quince años cumple a la perfección en todas las labores domésticas. Sabéis que sino ni me pasaría por la cabeza molestarla, señora.

La servicial voz de la mujer de la limpieza y el efecto esperado del valium iluminó el creativo cerebro de Miércoles. Un retaco emigrante y cuarentón sin papeles ni documentos legales le había brindado la solución a su bloqueo literario. Utilizaría el método sugerido por su maestra en el arte de la literatura rosa. Contrastaría en la vida mundana el desenlace de su nueva novela. Si en el mundo real de fuera cuajaba su desenlace ficticio, significaría que su nueva entrega sería todo un existazo. Era indiscutible que el papel de la protagonista se lo quedaba para ella. Y más claro estaba todavía que el rol de víctima adolescente acababa de adjudicarse: el pibe de Lunes.

- Perdóname por chillarte, Lunes. Estoy algo alterada. Y por lo de mañana no sufras, eh. Que venga tu hijo - contestó Miércoles creando mentalmente una compleja trampa artísticosexual.

A Lunes le sorprendió la reacción de Miércoles, pero ya estaba curada de espantos. La inestabilidad mental y el carácter neurótico de su patrona eran conocidos en toda la ciudad. Incluso gracias al correo aéreo, también en su pueblo natal de Argentina. Decidió aprovechar aquel bajón de su ama.

- Dios le bendiga señora. Vos sos un regalo del cielo.

Miércoles cortó el peloteo de su criada con una frase lapidaria de la que dependía todo su pérfido plan.

- Pero hazme un favor Lunes. Tienes que descansar. Los dolores de espalda son muy molestos y tienen que cuidarse, sino empeoran. ¿Por qué no viene tu hijo sólo? Así podrás quedarte en casa y descansar.

Lunes no pareció muy convencida. Cierto era que no sospechaba en absoluto que el frenillo de su hijito corriera peligro alguno, pero tan cierto era que algo tramaba aquella vieja zorra. Su experiencia como criada ilegal la dotaba del conocimiento de que una baja médica no se concede tan a la ligera. De hecho ésta es la mayor diferencia entre una chacha legal y una ilegal. Y la caridad, conociendo al monstruo de Miércoles, también quedaba totalmente descartada.

- No sé, señora...

- Venga Lunes, venga. Sabes que estará en buenas manos - sentenció Miércoles, seca e imponente. Aquello, a parte de intimidar a Lunes, cortaba toda posibilidad de réplica.

- De acuerdo. Pero hoy me quedaré hasta más tarde así avanzaré un poco en la labor.

- Me parece muy acertado Lunes. Ahora, por favor, déjame continuar con mi trabajo. Ah! Y que venga hacia las nueve de la noche, que durante el día me encontraré ausente.

Se inclinó hacia la máquina de escribir simulando frases que no existían. En lugar del repicar, se oyó el sordo arrastrar de pies de la criada acompañado por el traqueteo de la aspiradora. Todo se terminó con un suave portazo con aires de tribulación. Una vez a salvo, Miércoles ultimó los detalles de su malvada trama. No se le podía escapar nada. Todo debía estar atado, bien atado. Con este pensamiento incrustado en su cerebro se echó en el sofá, se tomó dos largos vasos de gintónic y el cansancio fruto de la exaltación la fue venciendo poquito a poquito.

El sol en lo alto y el cielo totalmente despejado daba el pistoletazo de salida al día X. Miércoles se pasó la jornada haciendo las compras y los recados necesarios en la ciudad. Comió algo ligero y cargada de misteriosos paquetes enfiló hacia su casita en las afueras. La tarde avanzó más deprisa todavía debido a los preparativos. Cuando el enorme reloj barroco de pared anunció las ocho de la tarde, todo estaba ya dispuesto. El comedor no había mostrado tanto lujo desde la fiesta de presentación de su primer libro, y de eso hacía unas treinta temporadas. La interminable mesa de roble estaba totalmente cubierta por manjares de un afrodisíaco que asustaba y flanqueada por un carrito con numerosas bebidas alcohólicas. Miércoles echó un último vistazo para que todo estuviera en orden y fue a emperifollarse. Como rondaba la cincuentena, pasarse por una mujer entrada en los sesenta no sería demasiado difícil. Escogió un vestuario adecuadamente vetusto, se maquilló como un loro veterano y se sentó en su chaise longue para revisar su último e inacabado manuscrito. De momento había una similitud patente entre lo que había escrito y lo que estaba dispuesto. Exceptuando el siglo, el planteamiento y el nudo de la historia, está claro.

El majestuoso timbre entró en escena, sacándola de sus cavilaciones. Empezaba la partida.

Cuando la imponente puerta chirrió al abrirse, el corazón de Miércoles dio un salto mortal para atrás. Un rostro quinceañero y angelical aguardaba en la entrada con la mirada barriendo el felpudo que clamaba "calurosa bienvenida". La tímida cabeza gacha se encontraba como empalmada en un cuerpo que no pegaba ni con cola con aquella dulce carita,. El tren inferior del muchacho, que estaba más desarrollado que el resto, culminaba con un espectacular culito respingón. Una desgastada camisa, desabrochada despreocupadamente, daba indicios de lo que parecía un torso de adulto, si bien cabe matizar que muchos adultos matarían por tenerlo igual.

- Hola señora, vengo de parte de...

Pero Miércoles lo cortó al instante. La parte seductora de Miércoles, obviamente oxidada por la falta de práctica, empezaba a carburar.

- Ya sé quién eres. Viernes, si no me equivoco - dijo lanzándose sin previo aviso a su víctima y plantándole dos jugosos besos uno en cada sorprendida mejilla-. Yo soy Miércoles. Encantada. Oh, perdóname hijo. Pasa, pasa.

Los dos personajes se adentraron en la casa. La puerta se cerró a sus espaldas mientras intentaba mantener en su memoria el aluvión de frases para su nuevo libro que le inundaban la cabeza. Aquello funcionaba a la perfección: entonces, el joven vástago del mayordomo desapareció en el interior de la oscura mansión, cual cordero devorado por las fauces de un temible lobo herido en su orgullo. Vaya si funcionaba. De muerte. Aquella historia no bajaría de las cien mil copias. Fijo. Acompañó a Viernes al salón y le ofreció una copa.

- Nah gracias - dijo Viernes haciendo gala de su educación e intentando averiguar qué coño era lo que tenía que limpiar si todo estaba reluciente y en su sitio.

- Uy, pobrecito. ¿Cómo se encuentra tu madre? Seguro que mejor. Dale recuerdos, y dile que mañana tampoco hace falta que venga. Y tranquilo hijo, no hay ninguna prisa. Tenemos tiempo de sobra para hablar y conocernos un poquito, digo yo - alcanzó una botella de cerveza y se la endosó a Viernes -. Una cervecita si que me la vas a aceptar, ¿no?

- Mmmm... bueno, qué caray - respondió Viernes dedicándole un generoso trago.

- Así me gusta. Y nada de señora. Para ti soy Miércoles - se sirvió un gintónic y brindó con el tímido muchacho -. ¡Por la fraternidad hispanoargentina!

Media hora más tarde, el único desorden que se apreciaba era el de los vasos y las botellas vacías. Viernes lucía un rostro rojizo coronado con una nariz coloreada por el alcohol. Miércoles, repantingada en la chaise longue a lo diva, empalmaba una pregunta detrás de otra. La cerveza había agrietado la inhibición de Viernes. Miércoles se deslizó en el sofá con el vestido subido hasta la mitad de los fláccidos muslos.

- ¿Y qué te gusta a ti? ¿Qué quieres ser de mayor?

- Pues periodista. Bueno, lo que mas me agrada es escribir.

- ¿Ah, sí? Pues yo soy escritora.

- Ya lo sé, y la mejor. Recién leí todos sus libros.

- Venga, venga, no me des tanta coba. ¿Y sobre qué escribes?

- Pues veréis, relatos fantásticos. Son mejores que la realidad.

- Sí, desgraciadamente no te falta razón. Me alegra que un chico tan joven ya tenga vocación para las letras. Yo a tu edad...

- Pues vos, para tener treinta primaveras... - aquello tocó el corazón de Miércoles. El hechizo se hacía mayor, lo que facilitaba increíblemente su plan. Viernes parecía estar ya encandilado. Casi tocado y hundido y a merced de Miércoles.

Viernes se disculpó y se dirigió hacia el baño, momento que Miércoles aprovechó para sustituir los vasos vacíos por bandejas con exóticos canapés. Luego relevó las cervezas caídas en la batalla por otro cargamento. Definitivamente aquello era una seducción con todas las de la ley. Lo que Miércoles desconocía era la finalidad de la excursión de Viernes al lavabo. Se había fumado un generoso canuto de hierba para aplacar su nerviosismo. Regresó con los ojos vidriosos.

- Toma, prueba uno de éstos - le invitó Miércoles mientras jugueteaba con un canapé verde. Lo acercó a sus labios y lo acarició con la lengua.

Miércoles sabía que Viernes iba bastante borracho. Observó como el chaval cogía uno de rosa y lo engullía. Le acercó la bandeja y Viernes comió compulsivamente otros tres. Luego devoró las ostras, que a juzgar por su extraña mirada extraviada, era la primera vez que las probaba.

El paladar del inexperto muchacho degustó con esmero las delicias preparadas por la doncella. Su habilidad en los menesteres, su cultura y su léxico hipnotizaron al muchacho, que abrió de par en par las puertas de su corazón para que ella lo cogiera y lo resguardara de la maldad del mundo exterior. Uau, precioso dijo Miércoles para sí misma.

- Esto hay que mojarlo - terció Miércoles sacando de la nada una botella de champán. Viernes se atragantó al oír aquello de mojar, pero al comprobar que se refería al champán susurró un inaudito - sí, como no.

- Toma, ábrela tú.

El adolescente ebrio y colocado luchó contra la botella previamente agitada por la maquiavélica Miércoles hasta que el tapón cedió y la espuma le empapó toda la camisa. Soltó una carcajada y se levantó de golpe, lo que propició que un enorme mareo lo obligara a volver a sentarse.

- Oh cielos. Déjame que te ayude - soltó Miércoles con una servilleta sospechosamente ya a mano. Secó la parte delantera e invitó a Viernes a cambiarse.

- No tranquila señ... Miércoles, está bien.

- Pues eso, lo que te decía. Si necesitas a una maestra para que te enseñe algunos truquillos...

- ¿Oh, de veras que vos haríais semejante acto por mi?

- Claro

Brindaron y en un abrir y cerrar de ojos el champán había desaparecido. Hablaron de la dificultad de abrirse camino en un país extranjero, acentuado por la poca solvencia económica que se supone en un inmigrante. Miércoles utilizó el despiadado truco de insinuar a Viernes que quizá ella podría hacer algo al respeto. Pensó que aquella coaccionaría a Viernes para aceptar sus proposiciones. Y a juzgar por las chiribitas en los ojos del muchacho, aquel era el camino a explotar. La cháchara nostálgica quedó sobreseída cuando Viernes rogó si podía marcharse.

- Esh que nuo me encuentro muy bien. Ya sabe, tanta bebida.

- Uy cielo. Tú no estás en condiciones de irte. Quédate a dormir aquí. Yo llamaré a tu madre.

- Pero no quiero importunaros

- Vamos, no es ninguna molestia. En la primera planta hay la habitación de los invitados. Échate ahí y mañana te vuelves. Si te pasara algo por el camino no me lo perdonaría

Viernes se levantó y se encaminó zigzagueando hacia las escaleras.

- Puero shi al final no he huecho ninguna tarea - vocalizó con dificultad mientras afrontaba el reto de los treinta peldaños. Aquel tramo se l hizo imposible por lo que Miércoles lo asió por el brazo y le ayudó a alcanzar el piso superior.

- No pasa nada, ya vendrás más días - lo acomodó en la cama, le quitó la ropa, cerró la luz, después la puerta y se fue.

Los siguientes diez minutos los dedicó a ponerse un conjunto de ropa interior de seda, perfumarse y soltarse el pelo para la ocasión. Cuando accedió a la habitación, Viernes murmuraba en sueños frases ininteligibles. Se tendió a su lado, se cubrió con la sábana y soltó un suspiro victorioso. Deslizó su mano hacia el aparato de Viernes, que estaba morcillón y preso en los calzoncillos. Lo liberó e inició un masaje lento y sensual. Manteniéndose en los sueños, los murmullos de Viernes aumentaron a medida que lo hacía su órgano sudamericano.

- Uo sí, que bueno. Dale, así, así...

Miércoles, a pesar del ligero reumatismo se encaramó encima consumando el acto. Empezó a trotar y en cuestión de minutos la explosión de pacer la inundó. La doncella, utilizando sus encantos intactos y ajenos a las inexorables huellas del paso del tiempo ultrajó al joven mozo hasta que los flujos del amor se precipitaron en su interior. El muchacho sonreía al sentirse tan terriblemente afortunado de poder compartir su futuro y felicidad con aquella mujer de alto linaje. Brutal, espléndido. Otro bestseller estaba en camino. Exhausta y rendida por semejante esfuerzo quedó grogui al lado del muchacho.

Cuando Miércoles se despertó, su figura madura yacía solitaria en la cama de los invitados. Una nota en la mesilla era la única señal de que aquel chico con resaca y la entrepierna pegajosa había estado allí. En ella se podía leer un escueto: "Gracias. No sabéis como me habéis ayudado".

La verdad era que la conquista tampoco había resultado tan ardua. El ego de Miércoles era proporcional al número de ejemplares vendidos, pero eso no la convertía en ingenua. Percibía e el chico había estado inusualmente dispuesto. Quizás el soborno de conseguirle los papeles si la seguía la corriente había funcionado. O a lo mejor era un aprovechado, como la mayoría de emigrantes, y la quería poner en problemas. Porqué legalmente aquello había sido un acto de pederastia. Aunque dudaba que un inmigrante ilegal tuviera ningún derecho jurídico. Y si pedía guerra, ella podría alegar que la violada había sido ella. Rezumando alegría se fue al estudio e intentó recopilar todas las mordaces frases que recordaba de la noche anterior.

El resultado del enredo de aquella noche fue el siguiente. Sólo se relatará la última página de la historia:

Así Domingo, el protagonista de diecisiete años y de ideales radicales vengó a los débiles. El capitalismo de mierda estaba pudriendo la mente del pueblo. Sólo los del Poder establecido se repartían el pastel. Y la gente hambrienta no podía lucha contra Ellos. Ellos tenían la ley, el dinero y las armas. Pero Domingo no pensaba cruzarse de brazos y ver sufrir a los seres queridos. Había boicoteado ya al obispo. Se introdujo en el mundo eclesiástico como monaguillo. Se puso a tiro y en apenas unas semanas ya había recibido tocamientos. Una semana más y los abusos habían adquirido su mayor grado. Ahora el cabrón del curo, como Domingo un par de días antes, estaba cogido por los huevos. Metafóricamente, claro. Uno menos de quien preocuparse. La segunda Rebelión, como le gustaba llamarlo, tuvo a un político como títere. Con sólo unos meses disponía ya de pruebas irrefutables de su relación homosexual con el alcalde, personaje conservador con gran reputación y una familia modelo. Otro que ya no molestaría. El tercer objetivo fue una juez, que a pesar de su feminidad, abogaba por penas duras e inflexibles. Eso sí, sólo con los desamparados. Se ligó a la hija de ésta y la convenció para que entrara en su grupo de sublevación nacional. En la actualidad presidía dicha organización para la cuarta y definitiva Rebelión, decidió infiltrarse entre la aristocracia fijándose para ello en la figura relevante de la literatura que el Poder utilizaba para adormecer a la masa. La llamaba "la propagandista del régimen capitalista". La sedujo, pero siempre con el tacto suficiente para que la fogosa aristócrata de la pluma se pensara que la seductora era ella. Y como era conocido por su virilidad y la sana juventud de sus espermatozoides, le dejó una semilla en el interior que jamás olvidaría. Su venganza se había consumado.

El libro de Viernes resultó un bombazo. Era directo y controvertido. Y su calidad literaria era extraordinaria para haber sido gestado por un adolescente. Las letras sudamericanas estaban claramente al alza. Ganó innumerables premios y fue la novela más vendida de la temporada, superando por años luz a la segunda de la lista: "Amor de juventud" de la prolífica Miércoles. Según las últimas declaraciones de Viernes, el libro no era autobiográfico, pero sí que había utilizado la conocida técnica de contrastar en la realidad los posibles desenlaces del nudo de la historia.

"Pero repito, cualquier parecido de los personajes con la realidad es pura coincidencia".

27/09/2007 10:27

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